Una semana en Toulouse

Desde hace varios años tengo la costumbre de viajar sola unos días en julio.
Este verano el destino elegido ha sido Toulouse, ya que el curso pasado comencé a estudiar francés en la escuela de idiomas y me parecía además una buena ocasión para practicar lo aprendido.
Alquilé un pequeño estudio en una zona tranquila pero cerca del centro y al borde del Canal du Midi. El viaje lo hice en coche y me llevé también la bici, para aprovechar a pedalear por el canal ya que es una clásica ruta cicloturista.
Esto fue lo único que llevé preparado, el resto lo fui improvisando sobre la marcha una vez allí. Siempre me gusta viajar así, sin llevar pensado lo que voy a ver o hacer cada día, prefiero dejarme sorprender por el lugar y no hacerme ideas previas. De hecho, durante mi estancia allí ni siquiera fui a la oficina de turismo a pedir información. Si me he perdido algo, será la excusa perfecta para volver. 
***
La ciudad de Toulouse me ha encantado. Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de bicicletas que había por todas partes, algo que ya me conquistó nada más llegar. Además, claro está, de su bonito color rosado, ya que lo más característico de esta ciudad es precisamente el color rosa o rojo pálido de sus edificios que están construidos en ladrillo. De ahí le viene el apelativo de "la ville rose".
Fuente de la Place Dupuy (cerca de aquí me alojaba)
Toulouse tiene amplias avenidas, bulevares y plazas que llaman la atención por sus edificios señoriales y también calles estrechas con casas más modestas que aún conservan su aspecto medieval.
Capitolio
Merece la pena perderse y callejear, algo que yo disfruté haciendo durante horas y horas, sin dejar de mirar y admirar cada fachada, los comercios, los mercados, los cafés y restaurantes...
 Catedral de Saint Étienne al fondo de la calle 
Por lo visto, en la Edad Media resultaba demasiado caro traer la piedra desde los Pirineos y el ladrillo se convirtió en el material preferente para la construcción, incluso en edificios tan monumentales como la Basílica románica de Saint Sernin, donde el uso de la piedra y el mármol es apenas ornamental, algo muy inusual en un templo románico.
En el casco antiguo se encuentran también algunos palacetes que pertenecieron a los comerciantes del pastel, un pigmento azul muy afamado en la época. En estos palacetes sorprenden las torres que se asoman desde los patios interiores y que se construían así para destacar el poderío económico de sus propietarios.
Otro elemento que define la ciudad es su carácter fluvial, gracias al río Garona y a los canales de Garona y de Midi que unidos se conocen como Canal des Deux Mers, porque comunican el Atlántico con el Mediterráneo. Una obra de ingeniería fluvial espectacular, gracias al sistema de esclusas.
Garona
Barcazas vivienda en el Canal du Midi
Écluse de Saint Pierre en el centro de Toulouse
En el río, los canales y sus orillas se concentran mucha vida y actividades de ocio. La gente sale a navegar, a practicar deporte, otros veranean en las barcazas, hay restaurantes y museos flotantes, conciertos... Sin olvidar los monumentales puentes que son buenos miradores para la ciudad.
Pont Saint Pierre et Dôme de la Grave
Pont Neuf
Al caer la tarde, es muy típico reunirse a la orilla del Garona para compartir un picnic mientras se contempla la puesta de sol.
También merece la pena visitar los parques y jardines de la ciudad, algunos tan bonitos y curiosos como el Jardín Japonés, repleto de elementos simbólicos de la filosofía zen.
Durante la semana que pasé allí hizo tanto calor que a veces salía a buscar la sombra de los árboles en estos jardines para relajarme leyendo un rato.
Jardin Japonais
Monument Saint-Exupéry - Jardin Royal
Como dije al principio, en Toulouse es llamativa la presencia de bicicletas que, como en otras grandes ciudades europeas, constituyen un medio de transporte más y no solo una actividad de ocio. De hecho, disfrutan de ciertas preferencias: pueden circular en cualquier sentido (en calles de dirección prohibida para otros vehículos) y también por los carriles bus. La verdad es que el tráfico en la ciudad me pareció bastante caótico y sobre todo me llamó la atención que los peatones no respetasen los semáforos para cruzar la calle. Yo siempre lo hago y a veces llegué a sentirme un poco tonta mientras todos cruzaban y yo esperaba.
Otra cosa que me llamo mucho la atención fue la actividad que había en las calles a todas horas del día, pero especialmente al atardecer, algo que es poco común en muchas zonas de Francia. La gente se organizaba para salir a patinar en grupo, para jugar a la petanca o para bailar, por ejemplo. En una avenida cerca de las universidades, vi varios grupos de gente bailando diferentes estilos (tango, salsa, lindy hop...) separados solo por el espacio necesario para que no se les mezclara la música. Paré un momento a hacer unas fotos y acabaron invitándome a bailar con ellos. Solo me faltó salir corriendo... y es que bailar no es lo mío. Otra cosa muy curiosa fue ver a un grupo de chicas leyendo poesía en voz alta en el Jardín Japonés y aunque no entendiera nada, me pareció algo precioso.
Este ha sido el resumen de mi paso por la ciudad de Toulouse o al menos lo que más llamó mi atención, sin pretender extenderme en más explicaciones que cualquiera puede buscar en Internet.
Espero que os haya gustado y si os apetece preguntarme algo o comentarme vuestra experiencia en esta ciudad, serán bienvenidos vuestros comentarios.
En próximas entradas os contaré mi experiencia con la bicicleta en Toulouse y sobre algunos pueblos que visité por los alrededores.

À bientôt!

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