Día de mercado en Rabastens

Mi último día en Toulouse coincidió con la festividad del 14 de julio, una jornada repleta de actividades en la calle durante todo el día. Sin embargo, yo no soy muy aficionada a este tipo de eventos tan populares. Si a esto le sumamos que los ánimos de los lugareños estaban un poco exaltados porque Francia acababa de ganar el mundial de fútbol y que hacía un calor sofocante, el resultado fue que mi último día en Toulouse lo pasé fuera de Toulouse, buscando un lugar más tranquilo como a mí me gusta.
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El destino elegido fue RABASTENS, una bonita localidad ubicada en una zona de viñedos colgada sobre el río Tarn.
Sin saberlo, tuve la suerte de que fuera día de mercado y es que me encantan los mercadillos callejeros, especialmente en Francia donde la estética de los puestos está tan cuidada.
Entre los típicos puestos de fruta, deliciosos productos locales, ropa y artesanía, se pueden encontrar otros no tan comunes para nosotros en un mercado semanal, como por ejemplo los puestos de carne de caballo, de cervezas artesanales o de variedades exóticas de té.
Allí todo el mundo portaba su cestita de mimbre (panier) para hacer las compras y para no ser menos, acabé comprándome uno allí mismo que desde entonces no he dejado de usar. Me encanta volver al capazo de toda la vida para las compras menudas.
Después de dar una vuelta por el mercado, dediqué el resto de la mañana a callejear por la zona medieval y de las antiguas murallas, empapándome un poco de la historia del lugar.
El origen de Rabastens parece ser un asentamiento galorromano, aunque su esplendor llegaría en época medieval cuando se convirtió en una plaza fortificada. 
Como otros pueblos de la zona, su historia está muy ligada a la del Catarismo y por ello sus fortificaciones medievales fueron destruidas en la cruzada albigense del siglo XIII. 
En esta época se comienza a levantar Notre Damme du Bourg, la imponente iglesia gótica construida en ladrillo, algo usual en la arquitectura de la zona (ver la entrada sobre Toulouse) pero que a mí me resulta curioso.
Lo que más llama la atención de Rabastens es su emplazamiento en una zona elevada sobre el río Tarn. El enorme puente que comunica con la otra orilla se convierte en el mejor mirador sobre la población.
Desde el puente se puede contemplar la zona más antigua del pueblo y el lugar donde estuvieron ubicadas sus murallas. También las playas fluviales del río Tarn donde la gente se baña los días de calor.
Callejeando por la parte antigua, te encuentras rincones tan bonitos como estos...
La estética de las calles y las casas siempre cuidada al detalle...
A mediodía y puesto que había llevado comida preparada de casa, decidí buscar un lugar bonito para comer de picnic y no tuve que irme muy lejos. A las afueras del pueblo encontré un pequeño lago, llamado Lac des Auzerals. Una bonita zona de esparcimiento donde la gente acude a correr, andar en bici y existe un pequeño camping al borde del lago.
Y así, leyendo al borde del lago, es como pasé mis últimas horas de mi viaje por Toulouse y alrededores.
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Una vez más, me ha encantado la experiencia de viajar sola durante unos días.
Espero que os haya gustado el relato del viaje que se completa con las entradas anteriores:
Aunque se trata de una visión muy personal, espero que también pueda resultar de utilidad si alguien se anima a pasar unos días por aquella zona.
No dudéis en preguntar cualquier cosa que se os ocurra, si puedo ayudaros a resolver alguna duda, lo haré con mucho gusto.

Un saludo.

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