Cenarbe y Punta de la Selva

Ruta realizada en agosto de 2018.

Ruta de BTT que hice en solitario por el Valle de la Garcipollera, una zona que me gusta mucho para andar en bici y que tiene una historia fascinante aunque también algo triste.
Cuando se construyó el pantano de Yesa, en los años 50 del siglo pasado, en todo el Valle de la Garcipollera se hizo una plantación masiva de pinos para evitar el acúmulo de sedimentos en los ríos que pudieran colmatar el pantano en un futuro. Esto obligó a los habitantes del valle a abandonar tierras y pueblos, al verse expropiados: Bescós, Bergosa, Cenarbe, Acín, Larrosa, Villanovilla... quedaron despoblados.
Posteriormente se introdujo un pequeño grupo de ciervos para crear un coto de caza. Los ejemplares introducidos se adaptaron rápidamente y prosperaron de tal forma que actualmente forman una de las colonias de ciervos más numerosas del país.
Actualmente el único de los pueblos del valle que ha sido repoblado es Villanovilla y del resto se pueden visitar las ruinas de sus iglesias y algunas pocas casas.
En el fondo del valle se puede visitar también la ermita de Santa María de Iguacel, una joya del románico con unos frescos impresionantes. En verano suele haber un guía por las mañanas que se encarga de abrirla para mostrar el interior y merece mucho la pena. El año pasado me acerqué una mañana con la bici y me pareció una maravilla, la "Capilla Sixtina" del Pirineo.
Por todo el valle hay buenas pistas forestales y caminos, perfectos para la bici. Es una zona muy bonita y tranquila, con el aliciente añadido de poder visitar los despoblados y con suerte encontrarnos algún ciervo. Yo no pude ver ninguno esta vez, pero sí puede oírles berrear y fue impresionante cómo retumbaba el sonido en todo el valle.

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La ruta comienza en Castiello de Jaca, en las cercanías del camping, desde donde parte la carretera que se adentra en el valle y termina en Villanovilla.
Comenzamos a pedalear por la carretera unos 4 km y entonces tomamos una pista que sale a mano izquierda al llegar a Bescós, donde empieza ya la subida. El firme está en general en buen estado, aunque en algún tramo puntual encontraremos algo de piedra suelta. La pendiente es bastante progresiva y cómoda, con algún repecho más fuerte hacia la mitad para darle calor a las piernas.
A medida que ganamos altura, en algunos tramos podemos disfrutar de las vistas sobre el valle y su densa masa de bosque.
Hacia el kilómetro 12, alcanzamos un punto alto en el que encontramos un desvío que gira en cerrado hacia la derecha. Esta pista conduce a Punta de la Selva, un monte que se sitúa sobre Villanúa y desde el que se puede hacer un descenso en bici por sendero. La pista que conduce a Cenarbe es la que continúa de frente.
Para alargar un poco la ruta, decido tomar la pista de Punta de la Selva y retroceder después para continuar hacia Cenarbe.
La subida a Punta de la Selva trascurre por una pista de tierra con bastantes piedras grandes y firmes, de las que te hacen botar constantemente sobre la bici. En subida se hace bastante incómodo, pero la bajada después será divertida.
Al llegar al punto alto, la pista de acaba y comienza el sendero que, en caso de seguirlo, nos llevaría en descenso hasta Villanúa. Me meto un poco por el sendero y menuda chulada, pero antes de que empiece la bajada fuerte me doy la vuelta y aprovecho para parar a comer algo en el bosque tan fresquito.
Ahora toca regresar por la pista que he subido antes, con la Peña Oroel vigilando desde lejos.
Y al llegar al cruce anterior, retomo la pista que me lleva a Cenarbe, ya en claro descenso. Pero con la emoción de la bajada hay que estar bien atentos para no perderse el desvío que sale a mano derecha para subir al pueblo, hacia el kilómetro 20,5.
Al llegar a Cenarbe, la parada es obligada para visitar el despoblado y su iglesia. Siento una extraña fascinación por los pueblos abandonados, me gustan y me entristecen al mismo tiempo. Me gusta conocer su historia y la de las gentes que los poblaron. Qué dura debió de ser la vida en estos pueblos de la montaña, cuánto debieron de luchar sus habitantes para salir adelante... Y que después se vieran obligados a marchar y dejar todo atrás... Una lástima.
Continuamos bajando y por el camino nos encontramos la ermita de San Juan, que suele estar abierta y merece la pena entrar a verla porque tiene unas pinturas murales muy peculiares, que han sido obra de recientes restauraciones.
Ya estamos en la parte baja del valle y enseguida llegamos al Viaducto de San Juan, inaugurado en 1916, que forma parte del trazado de ferrocarril internacional Pau-Canfranc-Zaragoza, más conocido como "el Canfranero". En esta zona del pirineo tuvieron que realizarse algunas obras espectaculares como este viaducto y el tunel helicoidal que lo precede, para salvar la abrupta orografía del terreno.
Después de darme un paseíto bajo sus imponentes arcos, continuo mi camino, enlazando pistas y algún tramo de asfalto para regresar a Castiello de Jaca, punto de inicio de la ruta.
Si hacéis esta ruta en verano y el día es caluroso, os recomiendo terminar con un buen baño en las "piscinas de Castiello", como solemos llamar a las pozas que hay en la misma carretera por donde comienza la ruta hacia la Garcipollera. Las encontraréis sin dificultad bajo un puente de piedra que se ve desde la misma carretera al poco de pasar el camping. Nosotros las disfrutamos muchísimo este verano.
Os animo a disfrutar de este precioso valle a pedales y a descubrir un poco más de su historia y riqueza natural.

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Distancia
29 km
Desnivel
+820 m
Dificultad
Ruta fácil, pistas en buen estado, solo con algún tramo puntual de mayor pendiente o piedra más suelta. 100% ciclable con comodidad. Atención al regresar al Castiello, ya que se atraviesa 2 veces la carretera principal.

TRACK DE LA RUTA EN WIKILOC

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Os dejo algunos vídeos que grabó David con el dron, en otras salidas por la zona,
visitando el despoblado de Bergosa y el Viaducto de San Juan.
Es una pasada poder verlos desde el aire.
Espero que los disfrutéis.




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