Dedo de Yenefrito e Ibón de Catieras

Esta ruta la hice en solitario, después de haber visto una foto del Dedo de Yenefrito que me había llamado mucho la atención, así que decidí ir para allá para verlo más de cerca.
La ruta comienza en Panticosa, junto al telecabina de la estación de esquí, donde se puede aparcar. 
El sendero hay que buscarlo detrás del telecabina y comenzar siguiendo las indicaciones "La Ripera / Puente de la Zoche", son unos 4 km de sendero muy bonito y de pendiente suave hasta llegar al Puente de la Rata que nos deja en la pista de acceso al Valle de la Ripera.
Por esta pista en verano sube un tren turístico que sale de Panticosa, para acercar a la gente a este valle y al Rincón del Verde. Es una buena opción para hacer en familia o personas que no anden mucho, el entorno es espectacular y no requiere grandes esfuerzos.
Al llegar a la pista, encontramos un cartel de madera que ya nos indica "Dedo de Yenefrito / Ibón de Catieras". Caminamos por la pista un tramo en bajada hasta tomar el sendero que nos llevará a remontar el Valle de Yenefrito hasta el mismo collado. Aquí la pendiente ya es fuerte, pero el sendero es muy bueno y claro de seguir.
En todo momento tenemos el Dedo de Yenefrito a la vista, una curiosa formación rocosa de 1818 m que, dependiendo del ángulo, se nos muestra más o menos afilada y apuntando hacia la Sierra de Tendeñera.
Al llegar al collado, el sendero se bifurca. Primero tomamos la senda de la izquierda para asomarnos al mirador desde el que contemplar mejor el Dedo y, quien quiera, continuar hasta hacer cumbre en el mismo.
Después retrocedemos y tomamos la senda de la derecha que, remontando el barranco de Laulot, nos llevará hacia el Ibón de Catieras.
Se nos abre un valle muy bonito ante los ojos, con el río Laulot precipitándose en pequeños saltos, cascadas y pozas de aguas cristalinas. También encontramos un refugio no guardado.
Seguimos caminando por un cómodo y tendido sendero hasta el fondo del valle, donde tendremos que vadear el río, antes de afrontar la subida más dura de toda la ruta, una ladera herbosa muy empinada y sin senda definida, aunque sí encontramos algunas estacas. Esta es la única parte del recorrido que puede resultar confusa, ya que también existen unos hitos que marcan el camino por el cauce del barranco. Yo subí por la hierba y bajé por el barranco, las dos opciones son buenas mientras no nos desviemos de la dirección que llevamos. Este tramo puede considerarse de campo a través.
Superada esta subida, el terreno se hace más pedregoso y continuamos ascendiendo, aunque de nuevo por senda evidente. Después de flanquear un pequeño cuello rocoso con muy buenas vistas, tan solo nos queda un corto tramo de sendero estrecho a media ladera, desde donde ya intuímos la cubeta del ibón, al que llegaremos enseguida.
Al tratarse de una ruta lineal, bajaremos por donde hemos subido. Si existe alguna variante para hacer el recorrido circular, yo no la conozco, así que simplemente volví sobre mis pasos.
El camino de vuelta me lo tomé con mucha calma y, aprovechando que el tiempo era buenísimo y que este es un valle muy solitario, busqué un sitio bonito donde comer y darme un chapuzón en varias pozas que ya había fichado en la subida. En el río Laulot hay varias muy bonitas y la del puente de la Zoche, casi al final de la ruta, es perfecta para recuperarse del cansancio de toda la caminata.
En verano y con buen tiempo, es una ruta sencilla y perfecta para pasar la jornada, rematando la excursión con un buen baño. Aunque el desnivel a superar es considerable, se hace por senderos cómodos. Y sobre todo se agradece la tranquilidad de un valle no demasiado frecuentado (me crucé con más marmotas que personas).

Espero que os guste.

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Distancia: 20 km

Desnivel: +1200m


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