Pico Anayet (2574 m) y Punta O Garmo (2555 m)

Hace años solíamos ir a esquiar a Formigal y ya entonces me llamaba la atención la escarpada silueta del Pico Anayet, aunque lo veía como un objetivo muy lejano.
Tiempo después, en nuestras vacaciones de verano, fuimos haciendo varias rutas hasta los Ibones de Anayet, tanto desde la Canal Roya como desde el Corral de las Mulas. 
El paisaje en los Ibones de Anayet es espectacular y solo llegar hasta ellos ya es una bonita excursión, pero ahí seguía la silueta del Anayet, incluso reflejada en el agua, recordándome que algún día tendría que pisar su cima.
Quienes me conocen bien ya saben que, a pesar de mi afición a la montaña, padezco de vértigo y no me desenvuelvo bien en terrenos técnicos. Esto me genera mucha inseguridad a la hora de planificar  rutas y me lleva a evitar ciertas cumbres.
Al Anayet le tenía un poco de respeto porque sabía que tenía un paso algo expuesto, aunque asegurado con cadenas, y un tramo final de trepada por chimenea.
El caso es que me propuse subirlo sí o sí este verano y como David también lo tenía pendiente, le apeteció mucho el plan y allí nos plantamos.
La aproximación hasta los ibones la hicimos una vez más desde el Corral de las Mulas (sector Anayet de la estación de esquí de Formigal).
Después de un pesado aunque corto tramo por asfalto en el acceso a la estación, nos incorporamos al sendero del GR-11 que va remontando el Barranco de Culivillas, ganando altura cómoda y progresivamente, hasta dejarnos en los Llanos de Anayet junto a los ibones.
Aquí merece la pena pararse un momento a contemplar el paisaje, las praderas en las que pastan los caballos, los meandros de los riachuelos que alimentan los ibones, los reflejos en el agua y todas las cimas que están a nuestra vista, especialmente el omnipresente Midi d'Ossau y nuestro objetivo del día, el Pico Anayet.
Desde estos llanos continuamos el sendero en dirección al collado, donde la pendiente a superar es más fuerte y nos sumergimos de lleno en la zona dominada por las lutitas rojas, un tipo de roca que tiñe el paisaje de un espectacular rojo intenso (al igual que en el Castillo de Acher, por ejemplo).
Cada vez que miraba hacia arriba me ponía más nerviosa viendo aquellos minúsculos puntitos de colores, que yo sabía montañeros, moviéndose por una pared de roca aparentemente vertical e infranqueable. 
Pero como suele pasar casi siempre, al llegar al inicio del famoso paso de las cadenas no me pareció tan terrible. Pasándolo despacito, sin mirar hacia abajo y con ayuda de David, en un momento lo teníamos ventilado. Tampoco la chimenea del final me pareció complicada ya que no está nada expuesta y, aunque trepar y destrepar no sea lo mío, me defendí bastante bien. 
Con esto no quiero decir que sean pasos fáciles o al menos yo no los calificaría así. Diría que no son peligrosos en verano y con buena meteo, como cuando nosotros subimos, pero ya sabemos que en montaña las cosas pueden complicarse rápidamente cuando varían estos factores.
Resumiendo, antes de darme cuenta ya estábamos en la cima disfrutando de las fantásticas vistas 360º del Pirineo y yo muy satisfecha de estar por fin en la cima del Pico Anayet (2574 m), ese viejo conocido.
Al bajar, debemos poner atención en el tramo de chimenea para procurar no tirar piedras a los montañeros que suben, aunque a veces sea inevitable por tratarse de un tramo bastante vertical.
Tras deshacer el paso de las cadenas, volvimos al collado y aprovechamos para ascender también la vecina Punta O Garmo (2555 m), cima popularmente conocida como Vértice Anayet por el vértice geodésico que hay en la cumbre. De hecho, lo más habitual es hacer estas dos cimas juntas por su cercanía y porque después del Anayet, la subida al Vértice es un sencillo paseo por senda cómoda y definida.
Personalmente, me gustaron más las vistas desde el Vértice a pesar de su altura más modesta, porque la imagen del Pico Anayet alineado con el Midi d'Ossau es realmente bella e impresionante. 
El camino de regreso lo hicimos variando un poco el final. Una vez rebasados los ibones, en vez de descender por la GR-11, tomamos una senda a mano izquierda que avanzando a media ladera nos llevó hasta la cabaña de La Glera y sobre ella a un pequeño y bonito ibón del que no conocemos el nombre. 
Y desde allí continuamos bajando por las pistas de esquí de la zona de Batallero hasta el aparcamiento del Portalet, donde yo me quedé esperando a que David acercara el coche.

Os invito a ver el vídeo que grabó David aquel día, un bonito recuerdo de una bonita jornada de montaña.

Un saludo y hasta la próxima.

* * * 

Distancia: 16 km - Desnivel: +1300m - TRACK de Wikiloc


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